Ah, el famoso código QR, ¡el guardián de nuestros datos! Guarda tanta información como un agente de los servicios de inteligencia. Almacena hasta 7000 caracteres numéricos (alucinante, ¿verdad?). Nos salvó el pellejo en 2020 durante la crisis sanitaria: nos permitió mantener las distancias limitando el contacto y, de paso, no poner los dedos en la pegajosa carta del bar de la esquina. Y solo por eso, lo queremos. Pero, más allá de eso, ¿qué sabemos de este misterioso cuadrado en blanco y negro? ¡Déjanos contarte la fabulosa historia del QR!
El código QR, ¿qué es?
Nos saltamos los detalles ultratécnicos (no vaya a ser que nos perdamos todos en el laberinto de la alta tecnología), pero lo que tienes que recordar es que el código QR, o Quick Response code en inglés, es un tipo de código de barras bidimensional. Su estructura en dos dimensiones le permite almacenar una gran cantidad de información: enlaces URL, texto, números de teléfono, coordenadas GPS y mucho más. Un código QR tiene este aspecto:

¿Y cómo funciona?
Cuando un escáner lee el código, detecta la disposición de los módulos y descodifica la información para ejecutar la acción correspondiente: abrir una web o mostrar un texto, por ejemplo. Los cuadrados de las esquinas, llamados «marcas de posición», permiten reconocer la orientación y el punto de lectura. Incluso de lado, o boca abajo, el dispositivo es capaz de leer y entender los datos correctamente. Impresionante. Pero no podemos hablar de códigos QR sin mencionar a su antecesor: ¡el famoso código de barras!
El antepasado del código QR: el código de barras
El código de barras es un sistema de identificación lineal (o unidimensional), diseñado y patentado en los años 40, pero comercializado y usado de verdad a partir de los años 70. Se desarrolló para facilitar la gestión de inventario y las transacciones comerciales en el sector de la distribución. Formado por líneas paralelas impresas sobre productos o etiquetas, se usa muchísimo para la identificación y la trazabilidad de productos.
Denso Wave y los límites del código de barras
Pero todo se torció en 1994, cuando Denso Wave (fabricante de dispositivos electrónicos, en particular de identificación automática, y filial del grupo Toyota) se topó con los límites del sistema de lectura de sus códigos de barras, que usaba para registrar y rastrear sus piezas de repuesto. Por la capacidad de almacenamiento limitada de los códigos de barras, su lectura solo horizontal y el aumento constante del número de piezas y componentes, la fábrica de Toyota tenía que aplicar varios códigos por producto… Otra pega: los códigos de barras solo se podían leer en una dirección y, según la forma de las piezas, poner varios códigos seguidos los hacía difíciles de leer. Resultado: mucho tiempo perdido en rastrear bien los componentes y, por tanto, retrasos en la producción. Nada divertido.
El padre creador del código QR
Pero no contaban con Masahiro Hara, ingeniero de Denso Wave y responsable, entre otras cosas, de desarrollar lectores de códigos de barras para la industria. A él se le ocurrió la idea de un código que ya no se leyera en línea, sino en cuadrícula. Se dio cuenta de que un sistema de cuadrícula podía contener mucha más información en un solo código y, además, leerse en múltiples direcciones, ángulos y distancias, acelerando así los tiempos de producción. Hara y su equipo de Denso Wave lograron hacer realidad su visión y desarrollar el famoso código QR. Esperamos que le dieran el título de empleado del año.
Apunte: la leyenda dice que se inspiró en el juego del Go

El Go es mucho más que la respuesta a ese enigmático «juego chino de dos letras» de los crucigramas. Es uno de los juegos de estrategia más populares de los países asiáticos. En su versión original se juega sobre un tablero de 19x19 líneas, llamado goban. Hacen falta 2 jugadores, uno con fichas negras y otro con blancas. Compiten colocando por turnos sus fichas en las intersecciones del goban. El objetivo principal es capturar las fichas del rival rodeándolas en horizontal y vertical, conservando las propias. Las fichas rodeadas por el adversario se retiran del tablero. Gana quien tenga el mayor territorio. Así que el vínculo entre el Go y el código QR es sobre todo visual pero, oye, a nosotros también nos habría gustado dar con la idea que revolucionaría el mundo tras nuestras horas jugando a los Hipopótamos Glotones. ¡A veces el éxito no necesita tanto!
La historia de éxito del código QR

Denso Wave decidió hacer la tecnología del código QR libremente accesible para el común de los mortales, pero vendió la tecnología de los escáneres para leerlos. No tiene un pelo de tonto. Pensado en un principio para la industria, las pequeñas empresas y los particulares también se apropiaron del cuadradito, sobre todo con fines de marketing y publicidad, o para transmitir datos personales más fácilmente. Su popularidad acabó incluso superando a su creador, que se cruzaba con su tecnología en cada esquina de Japón en los años 2000, gracias en especial a las cámaras de los nuevos teléfonos, que permitían leer los códigos. Si en Japón es un éxito, el concepto no convence a los países occidentales, más bien rezagados en nuevas tecnologías (¿en serio?). Y, por desgracia, es la crisis sanitaria de 2020 la que popularizará el código QR en el mundo: el Santo Grial de los vacunados, el famoso pasaporte sanitario. La tecnología se ha integrado en nuestro día a día y hay que reconocer que ofrece posibilidades enormes y que ya no podríamos prescindir de ella. Así que, a la pregunta filosófica «¿es el código QR el futuro del código de barras?», nos atreveríamos incluso a responder con otra pregunta: ¿es el código QR el futuro del ser humano?





